domingo, enero 07, 2007

Calidad, transparencia y ética en la información se puede mejorar

“El periodismo, como todas las profesiones, se ve enfrentado a la urgente demanda de transparencia; ante ese desafío, se debate sobre un péndulo cuyos extremos serían la amenaza y la oportunidad. Sus procedimientos, rutinas, vicios, virtudes, grandezas y debilidades pueden verse expuestos hasta en sus menores detalles. Existe, es cierto, la tentación de confundir esa visibilidad con vulnerabilidad. Pero también podemos mirar la mitad del vaso medio lleno y ser optimistas: en este escenario, el desafío de la transparencia se presenta como una oportunidad para mejorar la calidad y revertir la caída en los índices de credibilidad que sufre esta profesión en todo el mundo. La propuesta es exponer las rutinas, decisiones y dilemas periodísticos lo más abiertamente posible, y que el público juzgue” Úrsula Freundt-Thurne
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*(opinión de una lectora)
Los medios de comunicación son elementales para la democracia. Como ciudadanos y consumidores esperamos siempre productos de calidad y herramientas útiles para el ejercicio de las libertades. A la misma conclusión se llega si se piensa desde la necesidad de transparencia estatal y del sistema político.

Una columna publicada en elfaro.net se hacía la siguiente reflexión: “¿Quién critica a los críticos? ¿Quién se hace cargo del escrutinio del cuarto poder? Hay varias respuestas: el lector; el mercado; el cliente publicitario; el gremio periodístico; la competencia… Sólo que cada uno jala en su dirección.”[1]

Acá interesa la dirección del lector(a).

Después de leer algunas bitácoras en las que sus autores llaman la atención sobre los yerros (por acción u omisión) del periodismo nace la necesidad de reflexionar sobre los intereses de quienes compran diariamente un periódico, ven los noticieros, escuchan la radio o se informan por internet.

¿Qué mecanismos existen para hacer observaciones más allá del derecho de replica o respuesta?

En algunos países se ha resuelto a través de un nuevo oficio, en construcción, que se conoce como “el defensor del lector (ombudsman). En América Latina Folha de Sao Paulo y El Tiempo de Bogotá fueron los primeros implementarlo, pero su existencia se registra desde 1916 en Suecia y en 1967 en dos periódicos en Lousville en Kentucky.[2] Según German Rey, esta figura nació con dos propósitos claros: tramitar y responder las quejas de los lectores y ofrecer elementos a la crisis de los periódicos.

Se trata de un oficio autónomo, generalmente cuenta con una columna semanal, tiene una relación jerárquica con (y apoyo de) directivos del periódico, regularmente es ejercido por periodistas (pero no es exclusivo), cuenta con un referente normativo.

Aunque reciben las quejas del público no tienen capacidad sancionadora a pesar que su labor sea interna y externa del medio en el que se desempeña. Algunos periódicos conforman un comité (como Grupo de Prensa Líder en Bolivia) y otros sólo designan a una persona para esta tarea.

Para mayor ubicación, traigo a la memoria lo que El Visitador nos ofreció “Infraganti: (...)”[3] en el que se puede observar cómo el public editor desnudó algunas imprecisiones en el New York Times.

Nadie es completamente feliz si se siente fiscalizado, pero para quien escribe estas líneas es importante contar con canales de expresión hacia cualquier entidad que sea significativa para su vida, especialmente porque ser consumidora de información.

Los lectores merecen información leal, veraz y oportuna, pero en ocasiones este objetivo se pierde. A manera de ejemplo y sin el interés de ser concluyente puede traerse a cuenta aquel episodio en el que el titular de un periódico decía “Naciones Unidas avala Ley Antimaras” lo cual no era cierto y de hecho días después este organismo apareció condenando la ley y recomendando su abolición. ¿Cómo explicar que estas cosas sucedan? No lo sé, a lo mejor puede haber un explicación lógica, pero yo no la conozco ni el hecho quedó claro en una entrevista realizada a su responsable (ver este pié[4]).

De la misma forma debería existir alguna forma “pública” de reclamar la falta de compromiso con la “paz social” de LPG que expuse aquí:
http://ixquic.blogspot.com/2007/01/alguien-tiene-palabra.html#links
Incluso los errores de redacción y ortográficos como el que se señaló aquí, ¿lo recuerdan?:
http://el-visitador.blogspot.com/2006/05/un-promedio.html#links
o lo que trae a cuenta Solavá sobre una importante omisión aquí:
http://solava.blogspot.com/2007/01/noticias-invisibles.html

El año pasado asistí a un foro en el que alguien dijo que la misión del periodista es informar y mientras mas precisa y exacta es la información el producto será mejor. Por eso la relevancia de tocar este tema.

Por eso es importante analizar las ventajas de esto, pues si se cuenta con un mecanismo institucionalizado para tramitar quejas las empresas que se dedican a esto podrían conseguir mayor credibilidad y confianza, pueden estimular a la ciudadanía para que participe y contar con una vía directa para hacer aclaraciones. Demás está decir que se abona a la excelencia profesional, fomenta autocrítica (y el feedback) mejora la calidad de la información, mejoría la imagen de objetividad y es una forma de autorregulación[5].

Simplificando, ayuda optimizar relación periódico, periodistas y lectores.

Poniendo las ideas en la balanza porque no se trata de idealizar, el “defensor del lector” también ha tenido fuertes opositores y acertadas críticas. Quienes se oponen lo consideran un intruso –como me comentaba un acucioso bloggero- “el personal del periódico tiende a verlo como una amenaza, un espía, un auditor moral. Para los editores, es, sin duda, un mequetrefe que no vende periódicos pero que roba tiempo”. También se advierten como desventajas el costo económico para la empresa y se cuestiona su efectividad, pues en la práctica esto no ha sido evidente.

Pero algo es mejor que nada. Para algunos –incluyéndome- la calidad y pertinencia social de la información guarda relación con mis posibilidades articulación social, con mi capacidad de indignación ante la realidad salvadoreña y el análisis o vinculación de los intereses que me rodean.

Al final de cuentas se trata de dar muestras del compromiso deontológico, como todo en la vida. ¿verdad?

Si desean ver alguna información pueden consultar:

http://www.newsombudsmen.org/what.htm (organización de ombudsmen)
http://www.elfaro.net/secciones/especiales/Periodismo/Periodismo5.asp (interesante)
http://www.elpais.com/opinion/defensor/ (sólo tiene acceso quien tiene el “plus”)
http://www.elcolombiano.com/dl.asp (si quieren leer las respuestas de un defensor en Colombia)
Este es un artículo buenísimo de José Luis Santa María, que hace un balance de lo bueno y lo malo en el caso de ElPaís:http://fcom.altavoz.net/prontus_fcom/site/artic/20051209/pags/20051209090606.html

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[1]http://www.elfaro.net/secciones/Opinion/20050919/opinion2_20050919.asp
[2] http://www.saladeprensa.org/art426.htm
[3] http://el-visitador.blogspot.com/2007/01/infraganti-ong-explotando-reclusa.html#links
[4]http://www.elfaro.net/secciones/especiales/Periodismo/Periodismo5.asp
[5] http://www.saladeprensa.org/art432.htm

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡1916!

Ojalá los periódicos salvadoreños copien esta idea que ya tiene 90 años.

Ixquic* dijo...

Pues si, total cada cual la puede ajustar a su parecer para eso hay cantidad de "modelos", pero en fin....