sábado, noviembre 24, 2007

Aguilas, Arte, Abuso

*no le puedo poner tilde a las mayúsculas.

Barbara fue una cantante y compositora francesa (1930-1997) que descubrí hace poco. Aún no consigo un CD, pero la escucho el el Youtube. Llegó a mí por recomendación de Carlos Äbrego (quién ha colocado una hermosa canción en Crátilo).



Barbará vestía de negro en el escenario y por eso le decían la Dama de Negro. Es una gran interprete y tiene una voz muy agradable. Hay una canción, L'Aigle Noir (El Aguila Negra), que a mi me impresiona. Es de hecho la que más me gusta de las pocas que conozco. Según lo que me han contado, esta canción ella la compuso cuando decidió contar (con lo que era para ella su mejor lenguaje) el abuso sexual que sufrió por parte de su padre.

Cuando supe eso, puse atención a la letra y he sabido que es un símbolo del abuso sexual y que hay versiones como la de María del Mar Bonet. En el video que coloco esta la traducción, pero señalo algunas frases que me impactan cuando pienso en cómo una mujer estructura una letra y como esconde en ella un mensaje duro y a la vez, si se pone atención, parece que sólo dejó que la niña hablara y lo hace de forma inocente.


"Un día, quizá una noche
Me dormí cerca de un lago
De repente, como si estallase el cielo
Surgiendo de la nada
Apareció una águila negra (...)

Se posó aquella águila
Tenía los ojos color rubí
Y plumas como la noche
(...)
Con su pico tocó mi mejilla
En mi mano deslizó su cuello
Entonces yo le reconocí
Viniendo del pasado
Volvió a mí
Habla pájaro y llévame
Llévame a un país lejano
Cuando en mis sueños ¡ay! era niña
Yo recogía del cielo
Luceros y estrellitas
Cuando en mis sueños ¡ay! era niña
(...)
El águila ante un rumor de alas
Se alejó y regresó hacia el cielo
Cuatro plumas del color de la noche
Una lágrima o quizá un rubí
Tenía frío, no me quedaba nada
El águila me dejó
A solas con mi dolor


Me resulta una extraña impresión. Tal como me sucedió el año pasado con una obra de teatro montada por los esposos Salomón en el Poma y escrita por Jorge Avalos (a partir de un caso real) y que lo conté en esa ocasión, se llama la obra El Ángel de la Guarda. En esa obra, los recursos escenográficos fueron muy cuidados, no obstante, a mi la idea de la agresión sexual de un padre a una niña me termina por impresionar así.

Cuando escuché la canción, pensé: "la quiero bailar" y pensaba en como construir un guión y un personaje así y traducirlo al movimiento. Claro, trabajo, esto es trabajo y tiempo. Encontré en Youtube una danza con esa canción. Me gusta a medias, detalles y estilos que no vienen al caso comentar. Pero una idea da, para quienes la danza no los convoca, de cómo trabajar temas así y expresarse artísticamente.








Recordé además, que en El Salvador, hay un caso que convoca a esta reflexión --Katy Miranda-- hecho impune aún. Eunice Payés, hizo una coregrafía en torno a este caso, un montaje que al verlo sentí que se me salía el corazón de madre. Katy, fue violada y asesinada en una noche. Se supone que dormía con su padre y más una decena de personas (entre ellas personeros de seguridad).

Su cuerpecito apareció en la arena, desnudo. Había muerto de asfixia, sus pulmones tenían arena. Quien la mató y violó no la quería por testigo.

Eunice comienza con un black out y entra por sala (por el público) y carga un cuerpo envuelto en una sábana blanca. Y uno escucha las olas del mar. sube al escenario y deja el cuerpo, enciende unas velas. Y se le ve descompuesta, suena una canción y ella hace una danza muy desgarradora. Uno no deja de pensar en la verdadera madre de esta niña. Para mi desgracia sólo la he visto "entre bambalinas", ojalá alguna vez la vea como Dios manda, sentadita en público.

No más Águilas Negras

1 comentario:

Solavá dijo...

Me impresionó la letra de esa canción, precisamente por lo que decís, como una mujer crea sus imágenes. No me esperaba la referencia a mi obra, pero ya que está, te confieso que sufrí mucho al escribirla, porque no sólo tuve que crear a la personaje central y a su ángel, también tuve que meterme en la piel de su madre y del padre abusador, y fue mucho más difícil de lo que yo imaginé. La escena de la violación fue lo último que escribí, porque no podía hacerlo al principio. Hace poco se volvió a montar para una serie de presentaciones producida por Las Dignas. No vi ni una sola porque a me parecía difícil confrontar el tema nuevamente. Pero vi la última presentación, que se hizo como parte de la muestra nacional de teatro (ahora le dicen "festival"), y me pareció increíble. Era como si no era mi obra, como si fuese la creación de la actriz, Naara, que realmente ha llegado a amar a esa niña. La sentí tan real y a pesar del tema desgarrador me pareció que mi idea original estaba ahí: cómo la niña trasciende el dolor por la vía de la fe y de la imaginación. Ella no tenía la fuerza para dar su testimonio, pero sí el poder de la imaginación para convocar al ángel que lo hizo por ella. Es la magia del arte.