domingo, junio 10, 2007

La muerte, la desaparición.


La única forma de desaparecer para siempre es muriéndonos, sólo en ese momento nuestro ser físico se desintegra y no hay forma de darle para atrás. Y aquellos que nos aman, nos lloran, nos despiden y nos entierran. Siguen sus vidas. Esa es la condición para vivir, no sabemos cuando pero si que sucederá.
El país en el que vivo, la gente desaparece de una forma un tanto anormal. Cuando una persona no regresa a su casa y pasan días, semanas y meses sin dar con su paradero se le tiene por desaparecida, no puede morirse hasta que su cadáver no aparezca. Reviso a diario los periódicos y veo los noticieros, y allí me doy cuenta cómo a diario se pasan avisos: "la persona xxx se extravió, si la ha visto comuníquese a...". No tengo forma de seguirle la pista a todos esos reportes, sólo algunos y así me doy cuenta que muchas de esas personas han sido asesinadas.
Hace meses un Policía de Lourdes me hablaba de los cementerios clandestinos y de la gente que en esa localidad ha desaparecido. En Santa Tecla se han dado casos y algunos cadáveres se localizan en la zona de Los Chorros y Comasagua (será el nuevo Playón, la nueva zona de descarte?). Algunos casos los he posteado, en la medida que me han impresionado.
Jorge Beltrán publica hoy en El Diario de Hoy una investigación al respecto que incluye algunos casos y que puede leerse aquí:
http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_completa.asp?idCat=2913&idArt=1448879



No se trata de un patrón delictivo masivo, la mayoría de familiares de los tres mil y pico de muertos anuales que produce el país tiene la posibilidad de "ver desaparecer" a sus seres queridos, esto es, sepultarlos, llorarlos. Pero aquellos que no pueden hacerlo, por la falta de cadáver, sufren mucho más. Muchísimo más.
A mí, personalmente esto me carga, especialmente, si me siento a ver discusiones estériles sobre seguridad en la tele.
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