
Los sábados son día de locura, recorro frenéticamente San Salvador: llevo a mi hija a clases de baile (y a mis sobrinas), recibo clase de danza contemporánea y hago ensayo, fui a otro trabajo para coordinar cosas, fui al súper, cumplí promesas de paseo a mi niña. Por la tarde compensé el tiempo que ocupé en la mañana para la danza en lo que debí trabajar.
Algunos sábados si resta un poco de tiempo, salgo a trotar a un parque y me acompaña Ixbá con la bici o salimos a cenar y hasta nos encerramos a bailar. Hoy no tengo dolor de nada.
¡Me gustan mis sábados!
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