martes, octubre 24, 2006

Política y memoria histórica

Un estimado lector pone un valioso comentario en el post anterior y me ha puesto reflexionar (solamente lo intento).

Hay teóricos que sostienen que sólo aquellos cleavajes o puntos de quiebre relevantes en una sociedad se ven reflejados en el sistema político a través de las diferentes ofertas partidarias. Eso no significa que aquellos asuntos, problemas o demandas no "recogidas" que no existan. Sucede que no cobran la relevancia suficiente para ser articuladas en algún programa partidario.

(Acá es donde pienso, que las feministas les hace falta mucho trabajo por hacer en El Salvador)
Esta visión de los partidos políticos supone entender que éstos funcionan como empresas y que ofrecerán aquello que el mercado de votos les demande (por eso, se cambió la visión de los partidos de masas de principios del siglo XX a los llamados "cathall parties").
El lector aludido, pregunta ¿cómo valorar la memoria del pueblo salvadoreño en la medida que el tema de la memoria histórica no está presente en la oferta programática de los partidos políticos salvadoreños? y a continuación mi propia aproximación.
Los partidos que firmaron la paz (ARENA y FMLN), jamás tomarían ese tema pues supondría asumir un costo político histórico y entregar algunos de sus antiguos y actuales servidores, aliados y cómplices. En estricto sentido legal, hasta un ex presidente tendría que enfrentar la justicia; el PCN, no se metería la daga así mismo; el PDC tiene un secretario general involucrado en este asunto por el caso del asesinato de los sacerdotes Jesuitas. Finalmente, por simple cálculo de conveniencia digamos que allí muere esa posibilidad, el CD no cuenta con peso para levantar ese tema. Por lo tanto, los partidos políticos salvadoreños no contemplarán esa demanda aunque exista.
Por otra parte, debemos preguntarnos ¿cuál es el peso político de estas víctimas? ¿Será suficiente para calar en un las maquinarias electorales? Ellas están invisibilizadas, acostumbradas al silencio y al miedo y a soportar la imposición inconsulta de un "perdón por decreto y olvido". Cuando he teneido la oportunidad de escuchar testimonios, se refieren a los soldados como "la autoridad", como si el tiempo no hubiese pasado. Existen algunos comités de víctimas que organizan vigilias (en Tecoluca hicieron un entierro de cuerpos despúes de muchos años el domingo pasado), y están convencidas que no se puede hacer nada contra nadie. Son pocas las que están demandando ante la FGR las investigaciones a pesar de la incrédulidad fiscal. Esto evidencia que la demanda existe, pero no para ganar una elección.
Y eso sucede por el peso que eso tiene en la sociedad salvadoreña, acostumbrada ha hacer limpieza y meter la basura debajo de la alfombra, que se auto engaña y que prefiere ignorar y pensar que aquello está superado. Muchos salvadoreños y salvadoreñas están convencidos que una condición favorable para transitar a la democracia son las amnistías, y si ellas son derogadas peligrará la paz social. No es cierto, porque paz social no hay, pero en todo caso esa argucia es conveniente y abona a la indiferencia social.

Podría seguir, pero no tengo tiempo, me llevo estas reflexiones a la almohada y me voy a bailar!

2 comentarios:

El-Visitador dijo...

Hay un punto que me siembra dudas: la edad de los salvadoreños.

Me imagino que en el país, 1/3 de la población tiene 20 años o menos.

Esto es, nacieron en 1986 o más tarde. En 1991, tenían 5 años.

Si esto es así, a 1/3 de la población la guerra le vale sorbete, porque no la vivieron (no porque les deba valer sorbete, sino porque en el salvadoreño no hay amor a la historia ni memoria de ella).

Otro punto interesante es que muchos de los asesinos (que, según nos dicen, tienen un sesgo a ser jóvenes) tampoco conocieron la guerra.

Para los asesinos de hoy, que no tienen una base política sino mafiosa, ¿tendría significado alguno el ajusticiamiento de los criminales de la guerra fría?

Un error en el que no debemos caer nosotros los viejos que vivimos la guerra es creer que los jóvenes van a ver el país a través del mismo cristal que nosotros.

El cristal de la guerra es nuestro. Ellos no lo conocen.

Ixquic* dijo...

Tu comentario se aleja del sentido este post. No se puede cerrar la puerta y mirar sólo adelante, debe atenderse todas estas cosas. (a los que sobrevivieron la guerra)
-------------------

Según tengo entendido el 40% de la población hace un par de años era 18 para abajo. (tendría que corroborar), según la encuesta nacional de juventud, mas del 50% está pensando en emigrar....

y en la juventud de hoy, hay de todo. Tengo amigos que son maestros universitarios de jóvenes de 17/18 años y me cuentan cada cosa.

Hay jóvenes que no vivieron la guerra, pero desean vivir eso, hablan de tomarse las armas, de la lucha....

y hay los que tu dices, les vale y viven la vida loca.

y están los "jóvenes asesinos", "mafiosos" que es el punto al que quieres llegar. Con estos ¿qué impacto tiene este tema?

Si hablamos de juzgamientos que se han debido dar 15 años atrás y que se trata de casos de graves violaciones a derechos humanos, creo que el impacto es grande, porque acá hizo falta enviar un elemental mensaje: nada queda impune, porque el que mata y queda libre, vuelve a matar (dice por allí una víctima).

Ese cristal Visitador, es de todos, los viejos y los jóvenes.

Hablemos de una tesis (pues habría que comprobar). Terminó el conflicto y muchos ex PH, PN, GN, guerrilleros, escuadroneros, sicarios... bueno mucho desempleado entrenado para matar. ¿qué se hicieron? ¿fueron cooptados por otras estructuras, como el narco y el crimen organizado? y estas estructuras qué tipo de connivencias tienen con la juventud que tú llamas mafiosa en la actualidad?

A veces creo, que estas piezas no debieron dejarse sueltas, nosé si provocamos un mal mayor.

Para mí, un punto de vista sistémico, todo está concatenado. Por eso el tema en el presente y para los jóvenes si importa.
Saludos,

Pd. El error de transmitir los cristales de los viejos ya se comete, por eso hay es parte de la juventud está polarizada hablando de cosas que no tienen ni idea.