Hay mucha crítica por el comportamiento de la nueva oposición de cara a la aprobación de nuestro presupuesto. Pero haciéndo memoria, hay que notar que los partidos políticos son predecibles y actuan con base en sus intereses políticos.
En el 2004 el FMLN condicionaba los votos al presupuesto a cambio de una reforma de
pensiones y en el 2005 a cambio del regreso del
colón. Ahora en el 2009, cuando los partidos han cambiado de puesto, es ARENA --como oposición-- quién usa el
método tratando de negociar sus intereses políticos con los del Ejecutivo (pues más que el interés de contar con presupuesto, lo que está detrás de eso es el cumplimiento de promesas electorales).
Es un asunto de simple gobernabilidad y de la combinación de nuestro sistema que tiene dos carcateristicas muy interesantes: el presidencialismo con multipartidismo. Eso complica la toma e implementación de desiciones.
De ahí que, todo partido de gobierno debe saber que jamás podría gobernar solo, pues la negociación es imprescindible en estos casos. Asi, lo hizo ARENA (cuando fue gobierno) con sus dos aliados: PCN y PDC. Formaba mayorías parlamentarias a su favor.
Si eso no ocurre, podría haber una "parálisis institucional" o Funes tendría que volcarse al "decretismo" (abuso del poder normativo del ejecutivo a falta de apoyo en la Legislatura). Ambas cosas tienen muchísimas desventajas para el régimen político.
El politólogo Linz crítica al presidencialismo porque asegura que los partidos de oposición enfrentan una notoria ausencia de "incentivos" para cooperar con el partido oficial por dos razones. En primer lugar, si ellos cooperan y el resultado de dicha cooperación es exitoso (en términos de crecimiento económico, tasas de desempleo, control inflacionario, etc.), los beneficios político-electorales del éxito tienden a ser capitalizados por el presidente y su partido. En egundo lugar, y en el caso de que la cooperación fracase, todos los miembros de la coalición comparten los costos políticos con el presidente y su partido, y solamente aquellos partidos de oposición que no participaron en dicha coalición son favorecidos electoralmente por el fracaso de la coalición gobernante.
Por lo tanto, dice Linz, si de una coalición exitosa no procede ninguna ganancia en términos electorales y un fracaso sólo produce costos, lo racional es oponerse al presidente en lugar de cooperar con él. La parálisis institucional será entonces el resultado final siempre que el partido del presidente no cuente con una mayoría parlamentaria (Linz, 1994).
Otro politólogo mexicano, que estudió el gobierno dividido en su país, dice que el argumento de Linz es razonable pero no toma en cuenta que no todos los partidos políticos en regímenes presidenciales tienen ambición presidencial a corto o mediano plazo. De ahí que la fragmentación en la oposición puede ser favorable. Así, le resultó a ARENA (al aliarse con oposición sin ambición presidencial) la pregunta ahora es como trabajará Funes y su partido esta tarea tan delicada como es la gobernabilidad? ¿qué habilidades veremos?